DÉCADAS IRREPETIBLES

Al igual que mi otro blog dedicado al boxeo, este pretende recuperar la memoria de unos años irrepetibles, desde finales del XIX hasta los años 30 del siglo XX. En "Audaz y tanguista" se rinde homenaje a algunos de los bravos púgiles que protagonizaron este periodo, entre ellos a mi propio abuelo, verdadero germen de todo esto, Ángel Tejeiro. En este blog recupero la Historia con mayúsculas de unas décadas irrepetibles. Para ello he recurrido a las hemerotecas digitales disponibles: El Mundo Deportivo, La Vanguardia, ABC, La Jornada Deportiva, El País Vasco, Diario de Alicante, El Eco de Cartagena, El Noticiero Gaditano, El Porvenir, La Tierra y Madrid Sport. Salas como el Iris Park o el Olympia de Barcelona, nombres legendarios como Frank Hoche, Felix Pomés, Passapera, Ángel Munich, Barcino, Condor... Es un trabajo en construcción: aún estoy en ello, y animo a todos los que posean información interesante -y en especial imágenes originales- a que me ayuden en esta tarea. Y hechas las "confesiones", choquemos los guantes y vayamos al primer asalto.

miércoles, 4 de agosto de 2010

1916 El gran Jack Johnson


La Bohemia es el local elegido para la primera velada de 1916 en Barcelona, el sábado 8 de enero, aunque el público apenas responde a la convocatoria, que incluye además un extraño combate en el que Ardevol, practicando la lucha grecorromana, vence a Martínez, que boxea.

Durante el resto del invierno de 1915 a 1916 tan solo se celebran dos veladas más en Barcelona. En la primera de ellas, organizada en el Iris Park en febrero, Hoche hace valer su categoría ante Cutxet dejándolo k.o. de un crochet al minuto escaso de comenzar el combate. En la segunda, en marzo, solo el enfrentamiento entre Fred Jacks y Ángel Munich salva la tónica de la mediocridad, con un público que no duda en trasladar al Iris Park la chanza del Carnaval que se vive en las calles.

En Madrid, a principios de 1916 la Sociedad Gimnástica Española anuncia el establecimiento de una clase de boxeo diaria “bajo la dirección del notable profesor norteamericano, Kid Johnson”, y a finales de febrero de ese año se celebra una notable velada en el Gran Teatro con el combate entre Frank Crozier y Kid Johnson como principal atractivo.

Este Kid Johnson es uno de los acompañantes del ex campeón del mundo de los pesos fuertes Jack Johnson, que acaba de llegar a la capital procedente de Inglaterra, con la intención de iniciar en esta ciudad “su entrenamiento para el encuentro que tendrá en próximo abril en América”.

Cinco años más tarde, Bóveda, redactor de boxeo de El Mundo Deportivo, explica en los siguientes términos los antecedentes de la llegada del ex campeón del mundo a nuestro país:
Realizado por fin el encuentro Burns-Johnson, en 1908, en Australia, no hubo lugar a combate: los 14 asaltos de que constó, hasta que la policía suspendió el match, fueron solo una paliza que Johnson pegó a Burns, a su sabor y con absoluta impunidad; el título había cambiado de manos. Jack Johnson quedó entonces sin adversarios posibles entre los boxeadores en activo; pero los americanos, no pudiendo soportar que un negro detentara el campeonato del mundo, recordaron que Jeffries [campeón entre 1899 y 1904, retirado por propia voluntad siendo campeón] no había sido vencido jamás, y no pararon hasta decidirle a medirse con el temible hombre de color. El encuentro tuvo lugar en Reno (E.U.) y es el más famoso habido en la historia del boxeo. Jeffries fue puesto fuera de combate al 15 asalto.

Mas la raza negra no ganó impunemente este magnífico testimonio de sus admirables dotes para la lucha; apenas acabado el combate, y al día siguiente hubo disturbios en varias ciudades americanas a propósito de la derrota del ídolo blanco, que costaron la vida a cerca de un centenar de personas, negros en su mayoría. El Gobierno prohibió la proyección de películas del combate dentro del territorio americano. Johnson, seriamente amenazado de muerte y condenado por un tribunal de justicia, tuvo que ausentarse del territorio de los Estados de la Unión”.
Según sigue contando el artículo, seis años después (abril de 1915), la amenaza de verse desposeído del título si no lo ponía en juego en un cuadrilátero llevó a Johnson a aceptar un combate con Jess Willard en La Habana, donde fue puesto fuera de combate… al 26 asalto.
Johnson ya había pasado por España en mayo del año anterior, cuando recaló en Santander, camino de París, y ya entonces la prensa especuló con la posibilidad de que el ex campeón disputara algún combate en Barcelona.

En esta ocasión, el veterano Jack Johnson –cuenta ya casi 38 años– llega a Madrid a junto con su esposa, su sobrino Gus Rhodes, el púgil Kid Johnson y el manager Jack Morris, con un contrato firmado para enfrentarse con Crozier en una velada organizada por La Tribuna.
El combate, que se celebra el jueves 23 de marzo en el Gran Teatro de Price a 10 asaltos, va precedido de una sesión de cine y un nulo entre Gus Rhodes y Kid Johnson. El ex campeón, muy superior, vence a Crozier por abandono en el primer asalto, con tal rapidez que se ve obligado a ofrecer una exhibición con su sobrino para amortizar las entradas.

Pocos días después, Jack Johnson y su comitiva llegan a Barcelona, donde se ha acordado un combate con Arthur Cravan. Johnson y Cravan son saludados por la afición barcelonesa en la velada que se celebra a finales de marzo en el Iris Park, donde sentados en butaca de ring en primera fila contemplan como Enrique vence por puntos a Piqué, Martínez obtiene un resultado similar ante Evelyn Knight, y Hoche y Fred Jacks ofrecen una entretenida exhibición. Afortunadamente, Johnson se marcha antes de que Pomés y Jim Bleick ofrezcan un penoso espectáculo en el combate que cierra la velada.

Mientras transcurren en medio de una creciente expectación las semanas que faltan para el 23 de abril, fecha prevista para el gran combate, aún se celebran dos veladas más. El día 1 tiene lugar en el CAD Stadium un festival mixto de boxeo y lucha grecorromana, que cuenta con la exhibición de Hoche contra Fred Jacks y contra José Solsona. Y el miércoles 12 se disputan cinco combates en el Iris Park, de los cuales Jack Johnson arbitra el que cierra la velada (en el que Hoche vence a Allack) y Cravan el que le precede (una victoria a los puntos de Fred Jacks sobre Carlos Soum). Arthur Cravan es además presentado al público durante el partido que se celebra entre el RCD Español y el Arenas, en el campo del primero.

El domingo 23 de abril, sin embargo, se dan cita varios factores que hacen que la plaza de Las Arenas, lugar elegido para el combate entre Johnson y Cravan, apenas registre una entrada de 5000 espectadores, lo que dado el tamaño del coso ofrece un pobre aspecto. Por un lado, esa misma tarde el F.C. Barcelona juega en su campo contra el Real Unión de Irún, además de que muchos barceloneses han marchado al campo a celebrar la tradicional fiesta de la Pascua. Por otro lado, el Gobernador civil ha vuelto a las andadas, advirtiendo que suspenderá la velada al menor atisbo de sangre o daños a cualquiera de los participantes, lo que no solo retrae a muchos aficionados –convencidos de que la reunión no llegará a celebrarse–, sino que incluso resta agresividad a los púgiles que participan. Es así que pasan sin pena ni gloria los enfrentamientos previos entre Montero y Piqué, entre Mora y Solsona, y entre Barcino y Dalmases. Y como Jack Johnson ha firmado un contrato para la grabación de una película de su combate con Cravan, el cuarto combate, entre Gus Rhodes y Kid Johnson, se da por finalizado al cuarto asalto a fin de que haya suficiente luz para impresionarla.

Llega por fin el ansiado combate, arbitrado por Tony Berton, y pronto se ve que el ex campeón del mundo es muy superior a su rival, descrito por el cronista de El Mundo Deportivo como “un ente inofensivo más cargado de miedo que de otra cosa”, que “estuvo haciendo el ridículo durante seis rounds” –el tiempo mínimo pactado por Johnson para la película– hasta caer k.o. a la lona. Para compensar al público de este chasco, Jack Johnson ofrece una entretenida exhibición de boxeo con Gus Rhodes y Kid Johnson, que el público agradece. La decepcionante velada se cierra con dos nulos entre Soum y Munich, y entre Cutxet y Martínez.

Jack Johnson permanece casi tres años en España. Aparte de algunos combates en Madrid –en febrero de 1918 con Blink Mac Closkey, en marzo de ese año con Marcelo Sánchez y en enero de 1919 con Bill Flint–, su actividad se centra en exhibiciones de lucha libre y pugilísticas que ofrece en Madrid y en Barcelona, sobre todo en las temporadas de verano. En sus espectáculos incluye un número de “punching ball” en el que rompe en presencia del público una gruesa cuerda suspendida con un balón en su extremo, retando además con una apuesta de 5000 pesetas a los espectadores que consigan otro tanto. El gran Jack Johnson se marcha de España a finales de marzo de 1919, en dirección a México, donde continúa con más pena que gloria su larga carrera pugilística.

Por su parte, su sobrino Gus Rhodes, además de acompañarle en estas exhibiciones, combate en cuatro ocasiones –tres de ellas en Barcelona y una en Bilbao– antes de ser contratado como director del grupo pugilista que crea en Madrid la Real Sociedad Gimnástica Española en noviembre de 1918. De forma similar, hasta julio de 1916 Kid Johnson combate en cuatro ocasiones en Barcelona. En este tiempo, su presencia en los carteles basta para levantar gran interés entre los aficionados.

Durante la primavera y el verano de 1916 continúan celebrándose veladas en el Iris Park (en tres ocasiones), la Bohemia Modernista (en dos) y el Frontón Condal (en otras dos). Frank Hoche es cabeza de cartel en tres de ellas: en el Iris, consigue que Kid Johnson abandone antes de comenzar el sexto round, resultado que se repite –en el quinto asalto– en la revancha en la Bohemia; poco antes, es Fred Jacks quien sucumbre por k.o. en el quinto asalto ante el francés.

A principios de junio, el promotor Juanito Elías, organizador de la última velada en la Bohemia, programa como combate clou de la siguiente reunión el enfrentamiento entre Kid Johnson y Cutxet. La clara superioridad del primero no le sirve, sin embargo, para hacerse con el combate, pues durante el segundo asalto, “mientras unos dicen que Cutxet levantó la mano diciendo que se retiraba, otro dicen que era para que le atasen el guante; lo cierto es que entre esas dudas, Kid le pegó y ceemos que lo hizo creyendo poder hacerlo, y fue por ello descalificado”.

A finales de junio se inauguran las veladas pugilísticas en el Frontón Condal, “merced al generoso concurso que le han ofrecido a Tony Berton dos conocidos sportsmen”, de nuevo con Hoche –que hace nulo contra Cravan– como cabeza de cartel. Sin embargo, para la próxima velada, la enfermedad de Hoche motiva su sustitución a última hora por el inglés Allack, lo que, combinado con la flojeza de los combates, provoca enérgicas protestas del público que ni el k.o. infligido por Kid Johnson a Martínez consigue acallar.

En la última velada del verano, que se celebra el último martes de agosto en el Iris Park, vuelve a notarse la experta mano de Juanito Elías en la confección de un cartel del que resultan combates entretenidos –nulo de Soler y Bracons, victoria de Evelyn Knight sobre Drapemon, y de Allack sobre Artero–, aunque el fallo del árbitro, Juan Casanovas, dando vencedor por puntos a Gus Rhodes sobre Augusto Robert resulta muy polémico.

El boxeo catalán vuelve a encontrarse sumido en una profunda crisis, de la que tardará más de cuatro años en salir. La falta de una autoridad y unas normas claras que regulen el boxeo en España se traduce en espectáculos de muy distinto grado de calidad y profesionalidad, a veces promovidos por empresarios con pocos escrúpulos, que desorientan a los aficionados y provocan no pocas protestas. Muchos de los púgiles que suben al cuadrilátero resultan no tener la más mínima noción de boxeo, y no pocos de los que acuerdan su presencia en las veladas acaban por no aparecer a última hora, comprometiendo a los empresarios e irritando al público.

De hecho, entre septiembre y noviembre de 1916 el único boxeo que se practica en Barcelona, al margen del entrenamiento en los gimnasios, es el que ofrecen Jack Johnson y su corte en el Parque o en el Turó Park. El boxeo también adereza de forma ocasional algunos festivales deportivos que se celebran durante esos meses, como el que tiene lugar en julio en el campo de fútbol del Internacional, en el que Mora y Bracons ofrecen una exhibición, o el festival inaugural del Canadiense Football Club el primero de noviembre.

La última velada de 1916 en Barcelona, que se celebra el 21 de diciembre en el Iris Park, es quizá la mejor muestra de hasta dónde han llegado las cosas. De los ocho púgiles anunciados, nada menos que cuatro –tres de ellos desconocidos para el público– no hacen su aparición en el teatrito de la calle Valencia, y la empresa se ve obligada a ofrecer un solo combate –entre Enrique y Bracons– y una exhibición de Hoche con tres adversarios, en lo que el periodista Ramón Larruy califica abiertamente como una mamarrachada: “pasa aquí con el boxeo lo que en París con la Academia Berlitz, que cuando uno no tiene de donde sacar dos pesetas, se presenta allí dispuesto a dar lecciones de español, aunque no haya hecho otra cosa que descargar sacos en el muelle”.

No podemos cerrar 1916 sin recoger el triste debut del boxeo en la capital cántabra, del que informa la prensa de Barcelona en los siguientes términos: “Nos escribe nuestro corresponsal en Santander, diciendo que se efectuaron en el salón El Alcázar algunos de los asaltos anunciados a bombo y platillos, dándose de trompis franceses, italianos, ingleses, alemanes, españoles, etc., etc., terminando la fiesta habiendo causado una impresión poco agradable en aquel público, que vería con gusto no se repitieran esos espectáculos en aquella ciudad. El debut no ha podido ser mayor fracaso, como que hasta las autoridades deberían intervenir, prohibiéndolas. La organización, detestable”.

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