DÉCADAS IRREPETIBLES

Al igual que mi otro blog dedicado al boxeo, este pretende recuperar la memoria de unos años irrepetibles, desde finales del XIX hasta los años 30 del siglo XX. En "Audaz y tanguista" se rinde homenaje a algunos de los bravos púgiles que protagonizaron este periodo, entre ellos a mi propio abuelo, verdadero germen de todo esto, Ángel Tejeiro. En este blog recupero la Historia con mayúsculas de unas décadas irrepetibles. Para ello he recurrido a las hemerotecas digitales disponibles: El Mundo Deportivo, La Vanguardia, ABC, La Jornada Deportiva, El País Vasco, Diario de Alicante, El Eco de Cartagena, El Noticiero Gaditano, El Porvenir, La Tierra y Madrid Sport. Salas como el Iris Park o el Olympia de Barcelona, nombres legendarios como Frank Hoche, Felix Pomés, Passapera, Ángel Munich, Barcino, Condor... Es un trabajo en construcción: aún estoy en ello, y animo a todos los que posean información interesante -y en especial imágenes originales- a que me ayuden en esta tarea. Y hechas las "confesiones", choquemos los guantes y vayamos al primer asalto.

domingo, 3 de abril de 2011

1921 La Federación Española de Deportes de Defensa (2)

Carpentier

En abril de 1921 se produce uno de los acontecimientos más destacados del pugilismo nacional, aunque está protagonizado por un francés: el gran Georges Carpentier ofrece dos exhibiciones de boxeo en Barcelona y Madrid.

La noticia surge a mediados de marzo de 1921, cuando anuncia que Carpentier emprenderá próximamente una gira por España, que ha costado 120.000 pesetas a los organizadores y que consistirá en exhibiciones. No está previsto, por tanto, que Carpentier realice ningún combate en nuestro país, a pesar de lo cual “varios distinguidos deportistas ofrecieron una prima de mil pesetas al que resistiera al famoso campeón, que estaba conforme en efectuar la prueba, más de cuatro rounds, y Juan Molero, y esto demuestra su valía, fue el único que aceptó, no llevándose a cabo el combate porque Carpentier dijo entonces que solo cobraba por hacer una exhibición, no combates”.

Procedente de Orán, a principios de abril Georges Carpentier llega en un vapor a Cartagena, de donde parte inmediatamente con destino a Barcelona. Su aparición en los rings de esta ciudad tiene lugar dos días más tarde, el sábado 9 de abril, en el transcurso de una velada que se celebra en el Frontón Condal en la cual Luis Vallespín vence a César Alaix, “en un combate no organizado como de campeonato”; El Mundo Deportivo señala que “el título queda vacante de hecho”, pero desde ese momento se dará a Vallespín como campeón de España del peso gallo en todas las veladas a las que concurra. Carpentier, por su parte, ofrece una demostración de cuatro asaltos con Lenaers; “de pura exhibición los dos primeros, y reproducción los dos últimos de su combate con Levinski”.

Carpentier repite la exhibición unos días más tarde en el teatro madrileño de la Zarzuela, en una velada que incluye cinco combates con púgiles locales y catalanes. Aunque los espectadores se muestran correctos y aplauden al francés, parte del público “salió disgustado del espectáculo” al considerar que se trataba de una simple parodia que no valía las 5 pesetas que costaron las entradas generales y aún menos los 15 duros de las butacas.

Solo se ha tratado de una exhibición, pero la visita de Carpentier ha contibuido a animar un ambiente pugilístico que claramente ha dejado atrás la crisis de los años anteriores.

Durante el resto de esa primavera se continúan celebrando veladas en Barcelona, a razón de una a la semana. Aunque aparecen ocasionalmente escenarios como el Teatro Principal –en el que se celebra una reunión en abril–, sigue siendo el Iris Park el local más utilizado, con dos veladas en abril (en la primera Hoche vence al campeón del peso pesado ligero, Juan Molero), una en mayo y tres en junio. La reunión de mayo reviste además un carácter especial. Organizada por la revista El Sport, incluye el primer combate por un título de Europa que se celebra en España: el que enfrenta a 15 asaltos al vigente campeón del peso gallo, el francés Charles Ledoux, contra el campeón de Suiza, Christian. Ledoux, muy superior, pone fuera de combate a su rival en el tercer asalto.

Los demás combates del Iris vienen marcados por el sucesivo aplazamiento de un combate que se presenta como grandioso, en el que José Teixidor “Kamalof”, unánimemente considerado como campeón de España del peso pesado, se ha de enfrentar a Albert Lurie, presentado como “ex campeón de Francia de todas las categorías”. La pelea tendrá lugar finalmente el 7 de julio, constituyendo toda una decepción, pues el árbitro está a punto de descalificar a ambos por falta de combatividad. Meses después, el manager de Teixidor, Juanito Elías, explicará así el abandono de Kamalof en el cuarto asalto: “de resultas de un atracón de confituras, le preocupaban más los retortijones que los golpes de su adversario”.

Joaquín Valls, por su parte, reaparece a mediados de junio con una victoria sobre el francés Henri Verne, participa en algunas veladas de verano en el Parque –como árbitro o en exhibiciones con Kamalof–, ofrece una demostración con Ángel Artero en Ripoll, su ciudad natal y regresa a París a finales de julio, siendo allí derrotado a los puntos por Prunier en un reñido combate.

Es además necesario destacar que es en junio de 1921 cuando debuta en el Iris Park un jovencísimo Ricardo Alís. Su rival, Jensá, poco podía imaginar que acababa de obtener un nulo ante quien menos de dos años después, convertido en ídolo indiscutible de los aficionados, sería proclamado campeón de España de los pesos welter y llegaría a combatir por el título de Europa.

Al margen del Iris Park, otros locales de Barcelona acogen también reuniones de boxeo en este periodo. Algunos lo hacen de forma esporádica –como el Teatro Principal, en el que tienen lugar tres combates en abril–, mientras que otros tienen vocación de continuidad. Entre los últimos continúa estando la Bohemia, que alcanza a organizar una velada en mayo antes de que irrumpa una nueva empresa que anuncia su intención de dar veladas los sábados en el Frontón Condal. “Su primer acto, en relación con el deporte, ha sido asignar un sueldo fijo a los boxeadores Ubach, Miró, Goñi y Sáez, a cambio de que éstos no boxeen en soirées organizadas por cualquier otra empresa (…). Este acaparamiento (…) lo creemos todo lo comercial que se quiera, pero muy antideportivo. Por de pronto, las veladas que venían dándose en La Bohemia han cesado desde ahora”.

A pesar de este espectacular estreno, la empresa del Frontón solo organiza tres reuniones, en mayo y junio de 1921, de las que lo más destacable –al margen de algunos buenos combates– es la victoria de Pedro Sáez ante Gastón, y los boxeadores “a sueldo fijo” comienzan a aparecer en junio en las veladas organizadas en el Iris y en el Parque.

La temporada de verano

Como cada verano, el Parque de Barcelona se convierte en centro de la vida pugilísitca a base de una docena de veladas al aire libre, dirigidas con gran profesionalidad y acierto por Ramón Larruy con ayuda del Sr. Tusell. Estas reuniones ofrecen un número variable de combates, la mayoría a 4 asaltos, y se huye de grandes nombres o supuestas estrellas extranjeras, optándose en su lugar por carteles que combinan púgiles noveles o debutantes –como Juliá, Lewis, Alberich o Calixto– con profesionales de reputado prestigio como Luis Vallespín, Alfonso Cañizares o Andrés Goñi, entre otros. A mediados de julio, cuatro de estos púgiles –Blind, José Ubach, Frank Puig y Ángel Munich– parten hacia Madrid a combatir en el Gran Casino de la Ciudad Lineal, mientras que Ramón Miró marcha a Portugal para combatir con el campeón portugués del peso pluma; de una gira por ese mismo país se incorpora Americano unos días más tarde.

Las posibilidades del boxeo en Barcelona parecen ser tantas, que las veladas del parque se ven una vez más acompañadas por una serie de reuniones en diversos lugares y con diferente grado de profesionalidad.

Solo en julio, y al margen de las veladas en las que los clubes buscan el entrenamiento y la promoción de sus socios –como las que organizan en julio el Pugilistic Club de Gracia y el Punching-ball Club de Gracia–, en el Planas Park se ofrece una reunión dominical en la que Gastón, Frank Hoche y Fabregat son enfrentados a desconocidos púgiles extranjeros; en el Iris Park, Pedro Sáez vuelve a vencer por puntos a Ángel Artero; y en el Teatro Tívoli, Blind noquea a Zaldívar en la inauguración de unas matinées que sin embargo no llegan a tener continuidad.

El Gran Teatro Español, por su parte, programa una serie de espectáculos que reciben duras críticas por parte de la prensa:

En el teatro Español, una vergüenza más. Gente poco escrupulosa, sin pizca de sentimientos humanitarios, para organizar veladas con poco dinero, va buscando a esos pobres náufragos de la vida que las olas de la sociedad constantemente arrojan sobre los veladores de los cafetines y tugurios de nuestro cosmopolita Distrito V. Ton Johnson (negro) contra Ángel Sala: Esta era la burla que a la indigencia hacían los organizadores de esta vergüenza deportiva, porque el pobre negro jamás había boxeado, tanto es así que al sonar el gongo permaneció sentado y preguntó si debía empezar; pero la perspectiva de ganar unas pesetillas con que satisfacer el imperativo del hambre, le dieron valor para someterse a recibir una paliza, pues su contrincante, aunque pugilísticamente hablando tiene un valor equivalente a cero, pues aún está en el A B C del arte, es un individuo que golpea como un ciego. Al primer round, el pobre negrito se fue a descansar”.

Es más, aunque no se citan locales, en agosto se publica una nota en la que se denuncia:

La Federación de Deportes de Defensa ha recibido la queja de algunos boxeadores que, sin su autorización, son incluidos en los programas que se organizan, en detrimento del boxeo, saliendo en vez del boxeador anunciado otro, usurpando su nombre y frecuentemente sin noción alguna de lo que es boxeo, todo lo cual se traduce en escándalos”.

También es un desastre la velada que el Sr. Huertas organiza a principios de septiembre en el Iris Park como parte de un conjunto de eventos que tienen como fin “la adquisición de aeroplanos de combate con destino al ejército de Marruecos”. Con este propósito, “son varios los boxeadores que han reiterado sus ofrecimientos para actuar gratuitamente, y otros por la mitad de las bolsas que perciben ordinariamente”, pero aunque el cartel incluye algunos combates interesantes, el resultado final se salda con un déficit de 300 pesetas.

Las veladas del Español cambian de forma radical cuando, a finales de agosto, los Sres. Pons y Paulí se hacen cargo de la organización. Desde el día 26 de ese mes, el teatro recibe una reunión pugilística semanal, algunas con combates tan atractivos como el que supone la derrota por k.o. del campeón de España del peso pluma, Ramón Miró, frente a su homólogo del peso gallo, Luis Vallespín. El combate entre Pedro Sáez y Gastón C. Anderson, que se celebra a mediados de septiembre, supone además la “primera vez que un reto se leva a cabo cumpliendo las formalidades requeridas por la Federación, depositando en ella una cantidad convenida como garantía del contrato”.

Los buenos carteles y la acertada organización se saldan con notable éxito deportivo y de público, por lo que a finales de septiembre los Sres. Pons y Paulí, “bajo la dirección técnica de nuestro amigo Larruy” (que en agosto ha dejado de pertenecer al AEP para encargarse de la dirección de las clases de cultura física y boxeo del BBC), deciden trasladar las veladas pugilísticas a la Bohemia, al ser “el más amplio salón que puede habilitarse para el boxeo”. En el nuevo local, Larruy organiza cinco veladas en otros tantos martes consecutivos, siguiendo su práctica de combinar debutantes –como Otero o Ribadulla– con profesionales consagrados como Luis Vallespín, Ramón Miró o incluso con la reaparición del veterano Fernando Martínez. El plantel de extranjeros, como también es práctica en Larruy, se reduce a la mínima expresión en la persona del francés Paul Gay, campeón pluma de Bouches du Rhône.

A partir de la tercera de estas veladas, además, los combates entre profesionales van precedidos por los enfrentamientos de un campeonato entre aficionados organizado por los Sres. Esmandía y Ciurana para la revista El Sport. Sin duda, la eliminatoria más llamativa es la que abre el concurso a mediados de octubre a base de cuatro combates entre infantiles cuya crónica, ofrecida por El Mundo Deportivo, supone una inigualable experiencia de periodismo deportivo, con párrafos como el siguiente: “Maciá, un niño, fue declarado vencedor de Martínez, un Ángelito que parecía un cupido de prominente tripita que, con marcado enojo, recibía los golpes que Maciá le pegaba poniendo una cara de ¿qué te he hecho yo a ti? Acertadamente el árbitro dijo: anda besaros y no os riñais más”. Y es que, como dice el propio pronista, “solo por el amor con que se cuida una recien plantada tomatera, para las ensaladas de mañana, puede verse con buenos ojos un campeonato amateur de boxeo integrado por tan tiernos retoños”. Esa velada, por cierto, estaba organizada “en honor de los notables equipiers del Barcelona F.C. Ricardo Zamora y Paulino Alcántara, a quienes se hizo entrega de sendas medallas de oro por su brillante actuación en el partido España-Bélgica”.

Además de todas estas reuniones, el verano pugilístico también incluye otros encuentros “menores”, como una velada con tres combates en el Principal Park de Sports y Atracciones de Granollers, “espectáculo nuevo en esta villa y que atrajo mucha concurrencia”; una exhibición de Joaquín Valls con Ángel Artero en julio en Ripoll, ciudad natal del primero; los combates disputados en la velada que organiza el Badalona F.C. en agosto en un local al aire libre; o el programa de boxeo, con dos combates a 6 y 9 asaltos, que prepara ese mismo mes el Club Deportivo de San Feliu de Llobregat con motivo de la fiesta mayor.

En Madrid, la Federación Nacional de Deportes de Defensa celebra el 5 de mayo su inauguración oficial con una reunión en el Ideal Polistilo a base de lucha, esgrima y boxeo. La pobreza del pugilismo puesto en escena lleva al comentarista del semanario Madrid Sport a lamentar que a pesar de que “el entusiasta presidente” hace cuanto puede y más, “en Madrid no hay boxeadores, ni aficionados, ni profesionales”.

Para paliar esta carencia, pronto empiezan a llegar a la capital algunos púgiles catalanes, cuya presencia anima un tanto el panorama (p.ej., Ángel Munich, Frank Puig, José Ubach y Blind combaten en julio en el Gran Casino de la Ciudad Lineal). El gallego Andrés Balsa –noqueado en la Argentina el año anterior nada menos que por Firpo– es cabeza de cartel en dos veladas que se celebran en julio y agosto en el teatro de la Zarzuela y en el Parisiana, respectivamente, pero aunque vence en ambas por k.o., no puede evitar que las reuniones sigan resultando decepcionantes para los aficionados.

Sin embargo, la afición al boxeo no deja de crecer en la capital, como muestran la incorporación y los progresos de varias entidades a la práctica de este deporte. Así, en febrero los empleados del Ayuntamiento constituyen la Agrupación Deportiva Municipal, en la que pronto se entrenarán algunos boxeadores tan relevantes como Mario de las Heras; en julio, la Agrupación Deportiva Ferroviaria crea una sección dedicada al boxeo, bajo la presidencia de Ricardo Espada. En agosto, la Real Sociedad Gimnástica Española adquiere un nuevo local en las calles Barbieri, 22, y Libertad, 29, en el que se realizan obras para un gimnasio grande y moderno en el que, entre otras cosas, se construye un ring para boxeo y lucha.

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